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Febrero 16/17
ELECTIVA VIAJE A BOGOTA D.C.

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Cuando no se vive en la capital de Colombia, y día a día en los noticieros muestran escenas peligrosas que suceden por doquier, no puede uno menos que sentir temor de visitar Bogotá. Atracos a mano armada en las calles y buses del servicio urbano, congestiones vehiculares y peatonales, así como todas aquellas cosas que empobrecen la calidad de vida, son el pan nuestro de los capitalinos.

Confieso que tras programar mi reciente viaje a Bogotá, después de muchos años, no dejaba de sentirme preocupado por la tal inseguridad que se vive en su calles. Sin más entonces opté por usar la astrología como mi primer muro de protección. Elegí la carta que más y mejor aportase a mi propia seguridad una vez estuviera en tan importante ciudad, en Bogotá.

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Antaño, la preocupación de los astrólogos era que su Rey o en general la persona que atendía sus recomendaciones regresara con vida a su hogar. Todo lo demás pasaba a un segundo plano. Poco importaban los triunfos o beneficios si al final la persona regresaba enferma o en el peor de los casos dentro de un féretro. Salvar y mantener con vida a la persona que viajaba era la consigna más importante. 

Por supuesto, no podía olvidar que el valor y poder de mi carta electiva siempre estaría sujeto a mi carta de nacimiento. Sin lo anterior, no podríamos hablar de una buena y útil carta electiva. Veamos las razones de mi elección:

Marte, regente de mi casa novena en mi carta de nacimiento, la casa de los viajes especiales o poco rutinarios, asume mi regencia personal. En Aries no podría ser más fuerte y dominante. Ceñido al Ascendente tiene el poder para actuar y exhibir su gran dominio. Así entonces el guerrero que mora en mí se iba de viaje, a la guerra, presto a defender su vida.

El lugar al que me dirijo será representado por la casa siete. Venus será su único regente. En mi mente solo cabía la idea de debilitar a Venus lo máximo que pudiera, hacerlo lo más inoperante y débil. Mejor aún si quedaba bajo el dominio de mi significador personal, de Marte.

Por suerte, los cielos estaban de mi lado aquel día y de qué manera tan especial. Venus se ubica en Aries y dentro de la casa doce, que son dos cosas que lo debilitan seriamente. Al saberlo ubicado en Aries no podía negar mi satisfacción, pues en Aries estaría bajo mis órdenes, bajo mi total control. Venus, y a pesar de su gran debilidad, me amaría a mí y por ende estaría muy dispuesto a ayudarme. Venus entonces jugaba de mi lado, a mi favor.

La casa séptima, además de representar el lugar al que nos dirigimos, suele usarse para representar a los enemigos declarados, entre los que incluimos a los ladrones. Así entonces, era claro que ellos no podrían actuar en mi contra, pues desde el inicio de mi viaje estaban bajo mi control.

A partir de lo anterior, y tratándose de la ciudad de Bogotá, se puede considerar que todo iría muy bien, pues no hay nada más desagradable que ser víctima de los amigos de lo ajeno y más si a estos señores poco les importa herirte y matarte si fuera el caso.  

¿Qué pasó entonces?

Los casi nueve días de mi estadía en Bogotá fueron abundantes en todo sentido. Todo estuvo muy bien. Regresé a mi casa, en la ciudad de Cali, sin percance alguno, y con ganas de volver una vez más a la capital de mi país. Además del encuentro personal con nuestro colega y amigo Walter Anliker, pude en verdad disfrutar de la ciudad como nunca antes lo había hecho, pues esta vez sí me tome en serio el papel del turista interesado en conocer y disfrutar de la mayor cantidad de atracciones turísticas. Mi rutina diaria se centró en el sector de la Candelaria, el más antiguo y turístico de nuestra capital. Iglesias, pintorescas calles, museos, librerías, restaurantes, clubes de ajedrez, bibliotecas, exposiciones, espectáculos al aire libre, etc., etc. El hecho nostálgico fue presenciar el relevo de guardia del batallón Guardia Presidencial, pues en mis recuerdos está que hace exactamente treinta años yo era uno de esos solados que desfilaban por la carrera séptima con su uniforme de gala hasta ingresar al Palacio de Nariño, la casa del Presidente de la República. El Museo Militar, la Casa Caldas y el Museo del 20 de Julio igual se apropiaron de una parte de mí. La verdad nunca antes me había tomado tan en serio el disfrutar de nuestra capital Bogotá.

No puedo dejar por fuera la que considero la experiencia más sustancial y gratificante de mi viaje: el encuentro con la obra y vida del doctor Ebel Alexander, resumidas en su libro titulado “La Prueba del Cielo”. Una mezcla de las casas ocho, nueve, diez y once, que nos invita a reevaluar nuestro diario vivir.

Conclusión:

Mi temor por la inseguridad en Bogotá poco o nada me afectó y ahora solo me resta asentir que la elección de mi carta para iniciar mi viaje fue bastante acertada. Tan acertada, que al gestionar mi pase de abordar, en la aerolínea Avianca, me ofrecieron la opción de volar una hora antes de lo que tenía previsto. Me sentí muy bien y seguro, sin mayores apuros. Me sentí como si algo o alguien externo a mí estuviera cuidando cada uno de mis pasos.
Desde mi vivencia personal, una vez más puedo afirmar y concluir que toda carta electiva sustentada en la carta natal de la persona está irremediablemente condenada al éxito en sus resultados. 

Giovanny Londoño Romero
Santiago de Cali – Colombia, Febrero 17 del 2017

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